martes, febrero 20, 2007

El sordo


«Primero que nada, quiero que sepas que soy un poco sordo y no podré escucharte como quisiera, pero haré mi mejor esfuerzo». Con esa frase comenzaba nuestro encuentro. No respondí. Nada hubiera podido reclamarle porque yo tampoco escucho muy bien de un oído. Sufro de «hipoacusia ligera del oído izquierdo», nada importante, una condición anatómica que me impide oír al 100% las frecuencias graves. No le confesé esta semejanza: estaba demasiado nerviosa. Solo pensaba en salir de ese lugar lo antes posible sin causar demasiados estragos en mi vida y en la de esta persona.

Los psicólogos dicen que no pueden adivinar las cosas, pero creo que lo dicen porque tienen un acuerdo tácito por el que niegan estas capacidades y así sorprender y dejar boquiabiertos a deprimidos, ansiosos, nerviosos, hiperactivos para que los recomienden a todos sus conocidos.

Mi psicólogo, al ser sordo, posiblemente podría adivinar los gestos, pero dudo mucho que sacara algo del tono de mi voz, quebrada en algunos momentos. Me miraba fijamente, leyendo los labios y los ojos, y esa atención me desconcentraba. Yo solo había ido porque quería ayudar a una amiga con una gran depresión y de repente, estaba allí como paciente, sometida a preguntas que no quería responder, preguntas sobre mí, mi vida, mis objetivos.

No sé qué tanto de lo que le dije le pudo dar pistas, pero al terminar algunas frases, levantaba sus cejas pobladas y escribía garabatos rápidos. Llegué a pensar que no me había entendido cuando le dije que había ido para poder ayudar a una amiga que odia a los psicólogos. Dice que son como «serpientes que en cuanto descubren tu punto débil, te lanzan su veneno». En cambio, conmigo sí hablaba, así que pensé en convertirme en intermediaria, una suerte de investigadora secreta que intenta, junto al comisario de turno, resolver un crimen.

Tras los últimos garabatos, se dedicó a releer lo que había escrito en absoluto silencio. Pensé que hasta había olvidado que me encontraba sentada frente a él. Por fin levantó la vista y me miró de nuevo con una leve sonrisa. Arrancó la hoja de su bloc de notas, la dobló en cuatro partes y me la entregó. Me pidió que leyera la nota a la salida y se despidió con un caluroso y muy inesperado abrazo.

Salí a la calle. El día era único. Pensé que este año hay una primavera hermosa, la más bonita que recuerdo, de hecho. Y pensé en mi amiga y en su depresión. Estaba segura de que saldría de ella, todo era cuestión de tiempo, sobre todo con días como estos. Pensé que sería hermoso morir en uno de ellos. Todavía tenía el trozo de papel en la mano, una pista para mi investigación, una o más misiones. En el papel:

Ô vierges, ô démons, ô monstres, ô martyres,
De la réalité grands esprits contempteurs,
Chercheuses d'infini, dévotes et satyres,
Tantôt pleines de cris, tantôt pleines de pleurs,
Vous que dans votre enfer mon âme a poursuivies,
Pauvres soeurs, je vous aime autant que je vous plains,
Pour vos mornes douleurs, vos soifs inassouvies,
Et les urnes d'amour dont vos grands coeurs sont pleins !*
Y sonreí. Tenía en mis manos el hechizo que la haría feliz de nuevo. A fin de cuentas, mi sordo sí había escuchado.


*Extracto del poema Femmes damnées 1 (C. Baudelaire)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Aplaudo y de pie... (que buen post mami!)
Laonza

Anónimo dijo...

bellisimo, Bravo!
Mirukita fantica.

Federico dijo...

cuti que cuti co cuti ño cuti di cuti ce cuti el cuti mal cuti pa cuti ri cuti o cuti po cuti e cuti ma?

regards

Pilar Faneite dijo...

Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires,
De toda realidad desdeñosos espíritus,
Ansiosas de infinito, devotas, satiresas,
Ya crispadas de gritos, ya deshechas en llanto.

Vosotras, a quien mi alma persiguió en tal infierno,
¡Hermanas mías!, os amo y os tengo compasión,
Por vuestras penas sordas, vuestra insaciable sed
y las urnas de amor que vuestro pecho encierra.

Anónimo dijo...

A ver....
Quien te recomendo ese psicologo PELOCHO el del 11888?

A ese hechizo hay que agregarle una botella de vodka para que haga el efecto adecuado...

Fox

winni dijo...

Bueno, psicologo original el de tu historia al igual que original su remedio, es una bonita historia.

En cuanto a los psicólogos, tengo un amigo que dice que aquel que no puede solucionar sus problemas, estudia psicología para ver si al menos puede ayudar a los demás, así que tal vez no sea un don lo que tienen, sino mucha experiencia a sus espaldas.