miércoles, noviembre 15, 2006

¡Mucha mierda!

En el teatro, es una de las frases más utilizadas para desear buena suerte antes de una actuación. Y hay más: la gente dice que si una paloma (por lo general, las hacedoras de este milagro), decide “dar del cuerpo” en pleno vuelo y te cae en la cabeza, la fortuna te sonreirá.

En cualquier caso, la mierda, a pesar de considerarse un desperdicio, de ser maloliente y de ser muchas veces inoportuna, se asocia con cosas buenas y felices.

Ahora bien, cuando hablamos de la mierda de perro, ¿cuál es el código? Si pisamos algún regalito de ésos por la calle, ¿debemos molestarnos o dar gracias al dueño del animal por hacernos más afortunados? Si se pisa a propósito, ¿la buena suerte llega igual o sólo cuando es por accidente? Y lavarla de la suela o del zapato, ¿neutraliza el efecto y nos hace de nuevos seres tristes y miserables? Y la que los dueños recogen y tiras en los contenedores, ¿no les da a ellos la oportunidad de ganar la lotería, encontrar el amor o simplemente de hacer lo que les dé la gana?

En fin, mi deseo para todos, es: ¡Mucha mierda! El resto depende de ustedes.

8 comentarios:

mexi de donato dijo...

Que la mierda se os retorne en más cantidad querida mía, joder!!!
Pero por si acaso no os trae fortuna, pues como diría la Vieja de los Mangos: "y que coman mierda!" jajajajaja

JuancitoCruz dijo...

Una historia sobre Mierda…

Lo que había sucedido era algo ridículamente repugnante pero paradójico; una historia absurda, de esas que les encanta descubrir a los redactores de los periódicos de escándalos. Algo definitivamente apetecible para los ojos de cualquier periodista chismoso o amarillista.

Eran las 9.45 de la mañana y en la casa No.17, a metros tan sólo del abasto de la esquina, en el sector adyacente al Cerro de la Calle 75 de Maracaibo.

El señor Carrillo, padre de familia, de clase media pero muy baja, leía un libro de crímenes policiales sentado en la poceta de su baño. Solo en su hogar, se había entretenido con la lectura, por lo tanto no le incomodaba que alguien estuviese esperando usar el baño. Él disfrutaba de su tiempo.

A Carrillo, le tomó no más de minuto y medio consignar los desechos estomacales en el popular receptor de cerámica. Pasado unos minutos adicionales, el señor decide paralizar la lectura y levantarse para la limpieza. El primer giro de la anécdota se efectúa cuando Carrillo, a pesar de reiterar el higiene con papel sanitario en su parte íntima, no logra la limpieza absoluta por lo que decide utilizar agua y jabón para lograr un lavado al menos discreto. El problema estaba -y esto es algo sabido por todos- que es raro ver que un país tercermundista cuente con un vidé en los baños de las casas humildes ubicadas en cerros populares como este. Esto es algo de ricos, que quizás sólo es visto en casas del sector La Lago; pero para Carrillo la realidad era otra; por lo tanto, decide repetir una proeza que pocas veces había hecho. La técnica usada por el Sr. Carrillo era la de, pantalones abajo y el culo aun sucio, alzarse sobre el lavamanos y utilizar jabón corriente y agua de grifo para, con algo de equilibrio y con las piernas al aire, lograr la limpieza total.

Este proceso, un tanto engorroso pero que prometía más allá de satisfacción una limpieza no sólo física sino moral, se hacía espaldas al espejo igualmente soportado por el paral de cerámica del lavamanos; e incluía manipular a ciegas los grifos, abriendo el agua con la mano izquierda mientras se alcanzaba el jabón con la derecha.

La acción era solitaria, un tanto breve y relativamente dificultosa, pero el objetivo era noble: lavarse el culo.

Lo que Carrillo no sabía era la fragilidad de la cuenca de cerámica, que débilmente aguantaba un peso semejante para el cual no había sido diseñado. El lavamanos aguantaba un humilde sistema de grifería y el espejo. Sólo por su extremo posterior se encontraba pegado a la pared con cemento chimbo, utilizado por algún plomero del barrio quien efectuó su labor, muy poco profesional por cierto, hace ya décadas.

Carrillo agarraba el control de la actividad, y sabía que tan sólo bastarían para la enjuague jabonoso de su, hasta ese momento, parcialmente mugriento trasero.

Carrillo silbaba justo en el momento que le vino a la memoria un recuerdo de infancia, en él evocó a su madre colocándolo sobre ese mismo lavamanos para la misma limpieza que él mismo se hacía en estos instantes: “Ay mijo, a ver si creces rápido que estoy cansada de limpiarte la mierda todos los días”.

Como si el recuerdo hubiese traído un peso adicional de, quizás, tan solo unos gramos de más, el lavamanos comenzó a desquebrajarse con una rapidez de pestañeo, justo en su unión con la pared. A Carrillo solo le dio chance de emitir un sonido gutural de susto antes de caer al suelo junto con la grifería, el lavamos y el inmenso espejo, acompañado con un estruendo similar al que se oiría si se rompiera a pedradas una vitrina.

La escena final era imaginable: Carrillo, rodeado de enormes fragmentos de vidrio y cerámica, con agua por doquier que ya comenzaba a mezclarse con la sangre producto de una inmensa fracción de espejo en forma de triángulo que lo penetró debajo de su pecho con una velocidad de puñalada.

La muerte no fue instantánea, la hemorragia si.

Horas más tarde los vecinos y parte del equipo de bomberos de la zona ayudaban a tumbar la puerta del baño al percatarse de la inundación de agua rojiza que ya llegaba a las otras zonas de la casa.

Carrillo había muerto víctima de una hemorragia en la zona abdominal que le afectó órganos internos. Quizás lo último que pasó por su mente, en esa especie de recorrido vertiginoso de recuerdos que se comenta visualiza la gente segundos antes de morir, fue que podía pasar por una gran vergüenza si el accidente llegaba a oídos (y aun peor, a los ojos) de familiares, vecinos y amigos. No murió dignamente, pero eso si, murió con el culo limpio.

Al oír esta historia, casi de forma automática, recordé la existencia de cierto folklorismo argentino que expresa “se salvó con el culo enjabonado” y que hace referencia a la suerte de algunos de salir airosos de alguna circunstancia difícil, con la ayuda de una gran casualidad o simplemente de la “buena suerte”. Obviamente “la historia del baño de la casa 17”, como la bautizaron, frustra esta metáfora, no sólo en lo literal, sino debido a las gráficas de portada que con orgullo exhibió un sonado matutino amarillista al día siguiente de la muerte de Carrillo.



P.D: Que te pasa... yo también puedo escribir mierda...
CUIDAO Estifen Kin!! que aquí llegué yo!

Oscar y su diario de un viajero marabino dijo...

A pisar mierda se ha dichi pues :P

Anónimo dijo...

Lo de pisar mierda ya sabes de donde viene ¿no?
Por si acaso, esto lo que a mí me han contado:
En la época en la que la gente iba al teatro en carruajes, con sus caballos...
si al final del espectáculo había mucha mierda(de caballo) quería decir que el teatro había estado repleto de gente, y por tanto, todo un éxito de taquilla...
Por eso se dice: mucha mierda!
Lo de las cacas de otros animales no sé si da buena o mala suerte, pero yo prefiero que no se me cagen encima!
Arrate

JuancitoCruz dijo...

A mi me cagó una paloma cuando era carajito. Y estaba bajo techo, en una cancha de Basket!!! Qué tal?!

La mierda trae la suerte, o es la suerte la que trae mierda?

Anónimo dijo...

Siempre en el colegio me cagaban las palomas mientras estabamos en el recreo, siempre la mierda me caia a mi... entonces tenia que lavarme y sentarme en el sol y esperar que el uniforme se secara, total asi no podia entrar al aire acondicionado... eso me salvo de unas cuantas horas de clases de ingles, religion hasta de mi siempre aborrecida matematicas...

Saliendo a trabajar el ano pasado en el verano, pasaron varias palomas toooda la mierda me cayo a mi, tuve que volver a banarme y a cambiarme,llegue tarde ese dia a una reunion de donde me salve de unos econtronazos entre empleados, mi excusa fue la mierda....

Despues descubri que cuando se presenta un examen aquilos franceses no dicen, bonne chance, dicen: merde!!!!

Luego tuve una bebe, y aquellas que han amamantado saben que es la mierda la que te dice si todo va bien, su cantidad te indica si el bebe esta comiendo, su color y su textura si el nino esta enfermo o tiene un virus... asi que una de mis actividades favoritas del dia es cambiarle a la bebe un panal rebosante de mierda...

Asi que yo le he venido recibiendo la mierda de muy buena gana sin haberme dado cuenta hasta hoy, a pesar de que todavia espero los cobres la fama y la fortuna, digamos que la mierda me ha salvado de unas...
Miru

Anónimo dijo...

jadupuy:
y si a uno lo mandan a comer mierda con un tono altisonante???... te estan deseando la mejor de las suertes??

Anónimo dijo...

Bueno les cuento que para los ganaderos, por lo menos los de aqui del zulia, cuando van por las haciendas y les huele a mierda de vaca, se ponen contentos y con aquella cara de felicidad dicen:
Ummmmm ! huele a cobres.....
Ana